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Comienzo a escribir este recuerdo en el medio del Río de la Plata. Este mismo río por el cual llegaron miles de nuestros abuelos y bisabuelos. Nuestra historia. Seguramente este agua color de león fueron miradas alguna vez por Anatole Saderman, Tola para los que tuvimos el privilegio de gozar con su amistad, de su generosidad y su humanidad. Saderman llego como inmigrante con su familia en 1926, escapando de la crisis que vivía Alemania, sin saberlo aun, escapando de una guerra que no le hubiera, seguramente, dejado futuro por su condición de ruso judío. Su primer destino fue Montevideo. Cuando llegue a vivir a esta ciudad de Buenos Aires, tenia el propósito de aprender el oficio de fotógrafo en todos sus misterios, sobre todo lo ultimo en lo referente a lo técnico. No fue fácil, pues no habían escuelas de fotografía en los 80 y los fotoclubes no eran ámbitos donde se desarrollara aquello que a mi me interesaba de la fotografía. La única manea que encontré de subsanar el inconveniente fue conociendo a los fotógrafos que me interesaban y suponía que hablando con ellos iría aprendiendo las cosas que necesitaba. Fue así que lo conocí a Saderman, era uno de los que mas me atraían y de los que creía que mas quería aprender. No me equivoque. Saderman era una persona sencilla, sin ninguna conciencia sobre su dimensión como artista-fotografo y sin secretos. Un verdadero maestro. Y con él finalmente descubrí que aquello técnico (que creía que necesitaba) no era lo mas importante en el oficio, aunque no lo desdeñaba, sino que lo fundamental era quien estaba detrás de la cámara, haciendo que cosa. El insistía mucho en el amor y la pasion con el que había que trabajar, y allí esta quizás una de las esencias de sus misterios. Lo que en algún momento mas deslumbro era su cultura que siempre se manifestaba con naturalidad y modestia, y una vida llena de anécdotas y vivencias que lo habían enriquecido de un modo extraordinario. El tiempo en que pude frecuentarlo fue mágico para mí. Poco hablábamos de fotografía, fotos o técnica. Solo hablábamos de la vida, de cómo acontecía o me contaba interesantes anécdotas sobre alguno de los personajes que había tenido que retratar. Cuando la fundación San Telmo le propuso hacer una retrospectiva de su obra, ya habían pasado 60 años dedicados a este metier. Me convoco pidiéndome que me hiciera cargo del asunto. Mi sorpresa y la responsabilidad que requería tal propósito estuvo a punto de asustarme, pero su argumento no me permitieron tener dudas, "si no me ayudas no lo puedo hacer…." Y no pude tener dudas. Trabajamos intensamente para "curar" una muestra que representara, casi didácticamente, como se había transformado en ese maestro que hoy todos reconocemos. Uno de los descubrimientos mas interesantes que hice después de ver y ordenar por épocas los cientos de fotos que me mostraba, y que después él me confirmaría en una entrevista, era que con el transcurrir del tiempo su estética había variado, no tanto por las corrientes o modas del momento sino por sus propios cambios tecnológicos. Su primer tiempo fue con cámaras de placas y artefactos de estudio que limitaban mucho la movilidad. El paso siguiente fue al 6x6 con una Rolleicord que le permitió salir un poco del encierro y aprovechar las luces de ventanas de los talleres de los pintores. Mas adelante el 35 mm, que incorporo en Europa, le dieron la posibilidad de una mayor libertad y fotografiar la calle, o realizar bellísimos documentos de viaje, sobre todo por Italia, cultura por la que manifestaba un particular amor. Saderman fue fotógrafo fotógrafo, y a mi juicio uno de los primeros en intentar algunas aproximaciones teóricas sobre la fotografía. Bien lo demuestra aquel feliz "decálogo" que escribió hace mucho tiempo, resumiendo en 10 lecciones básicas que es fotografiar. Siempre tengo nostalgia de aquellas tardes de charlas alrededor de la mesa redonda que Lidia (su ultima mujer) arreglaba primorosamente con una fuente de frutas y algun arreglo floral, jamas olvidares los pequeños café con borra y los traguitos de Vodka de la despedida. Puedo decir que mi trabajo personal siempre estuvo tutelado por sus pensamientos y jamas me olvido de él. Como si hubiera sido un padre amoroso. Imborrable. |
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