inicio - homepage


   

Grandes maestros
argentinos
Fotoperiodistas
invitados
Nuestros alumnos Ex alumnos destacados


Horacio Coppola
 
> Comentario
Galería

Comentario - Horacio Coppola – por Mónica Silvia Incorvaia

Horacio Coppola constituye, para muchos de nosotros, "la mirada fotográfica argentina del siglo XX ".
Así como Bresson logró captar esos instantes decisivos, como un crítico los denominó,  Coppola posee la sensibilidad de un cazador de imágenes que hoy nos llegan como recuerdos inolvidables de un país que fue.

Su obra fotográfica abarca lo documental, en donde se suma rigor y conocimiento científico, el retrato en que rescata la personalidad del fotografiado y lo artístico con su evidente sensibilidad y estilo.

Conocí  personalmente a este profesional gracias a un encuentro casual un día de junio de 2001. Producto de este hecho, le realicé una entrevista que se materializó, -gracias a la gestión de su segunda esposa Raquel Palomeque-,  en un registro fílmico que atesoro.

Lo que más me asombró de ese hombre, quien en esa época tenía 95 años, fue su ánimo y espíritu para relatarme la concreción de su obra.

 Rodeados de sus fotos preferidas y a través de su libro Imagema  (*) que reúne sesenta y siete años de labor profesional, desandamos la conversación.

Así, efectuamos nuestro recorrido que abarcó los inicios –de la mano de su hermano Armando, quien le enseñó el oficio-, "su paso por la Bauhaus" –como él mismo denominó a ese período de su vida-, conviviendo con artistas de la talla de Walter Peterhans, Mies Van der Rohe y su primera esposa, la extraordinaria fotógrafa Grete Stern, quien trajo a Buenos Aires esos sueños femeninos que cautivaron a las mujeres de la segunda mitad del siglo XX.

A través de ese recorrido, analizamos los retratos de los célebres a quienes conoció (el pintor Marc Chagall, el músico Alberto Williams, la intérprete Jessye Norman, entre otros), la influencia "westoniana" de sus desnudos, la abstracción, las composiciones que homenajeaban a sus amigos pintores: Juan Gris y Pablo Picasso, por ejemplo, la serie escultórica que realizara a la obra de Aleijadinho, la utilización del color en la última etapa de su producción y especialmente Buenos Aires.

 Porque Coppola es, quizás, uno de los mayores exponentes de una ciudad cambiante a la que fotografió especialmente durante los años 30, 40 y 50 del siglo XX. Efectivamente, su producción fotográfica urbana en la Argentina se desarrolla en forma sistemática a partir de su regreso de Europa, en 1936, cuando es contratado por el entonces intendente de la ciudad de Buenos Aires para el relevamiento fotográfico de la construcción del obelisco, tarea que emprende también con la cámara cinematográfica, otra de sus grandes pasiones pues había participado y presidido la fundación del Primer Cine Club en Buenos Aires hacia 1929.

Esa mítica Buenos Aires ,de los suburbios recónditos: el bajo, Retiro, Flores sur, su entrañable Almagro y por supuesto un "centro de la ciudad" donde Florida, Corrientes o Diagonal evocan puntos de identidad innegables, atrapando el instante tanto desde sus noches pobladas de misterio como desde sus días radiantes, captando una cotidianeidad tan real y vívida que nos permite transitar visualmente esos períodos tan lejanos.

El sentido de la composición, la estética, la poesía, asoman en esa mirada que en muchos casos nos presentan lugares hoy irreconocibles pero entrañables. Y no sólo por la temática que aborda sino por ese registro compositivo y crítico adquirido en sus viajes por Londres y Berlín, hacia 1933,  donde agudizó su mirada, centró su atención cubriendo un espectro visual que se observa tanto en la imagen fija como en la del movimiento. 

Quizá su mayor ejemplo sean  los cortometrajes "Pont des Arts" y "A Sunday in Hampstead", que realizó junto con el registro fotográfico. Este material recoge el criterio impuesto por el fotógrafo Bill Brandt con el que compartió la cruda realidad de la época.
"El maestro", como yo lo llamo, nos ha legado una herencia iconográfica incomparable sumada a su capacidad y preparación intelectual.

De sus Apuntes sobre Fotografía, rescato una de sus reflexiones que dan idea de su criterio y de su pensamiento:
Desde mi ventana, siento con ansia y maravilla, miro lo real iluminado. Encuentro, desde un punto de vista dado, una imagen por así decirlo, de mi mundo propio. Cuando de los infinitos puntos de vista posibles, desde mi ventana, elijo ése para mí esencial y revelador de lo real presente: mi imagen es una imagema… Mi obra es la imagen óptica real, trascripta por la cámara y contenida en la imagen final… Testimonia, aparente, fragmento de la realidad, creatura de mi visión, ahora liberada según su orden para vivir su  vida propia.

Y así es, maestro: cada foto suya vive su vida propia, plasma y recorta esa realidad que existió, como espacio y como documento, ese "testimonio de su identidad de autor" que usted le dio a sus imágenes.

De aquella entrevista me queda el recuerdo de esa intimidad compartida, la contemplación de una obra incomparable y la gran calidez que me brindó.

 

(*) El término surge de la relación entre el objeto a fotografiar, el sujeto que lo hace y la  incidencia que la luz produce sobre ese objeto.

Asociación de reporteros graficos de la republica Argentina - Tel. (54 11) 4381-4593 - info@argraescuela.org.ar

 

 

inicio-homepage inicio-homepage