 
ARCHIVO DE PALABRAS
Hoy:
Fernando Gutiérrez,
editor general del Grupo de Revistas La Nación.
Palabras de su conferencia brindada el 6 de octubre de 2007 en ARGRA Escuela
Fernando Gutiérrez actualmente es el editor general del área de fotografía del Grupo de Revistas La Nación, la empresa que edita impecables publicaciones como Rolling Stone, Lugares, Brando, Cinemanía… Antes, trabajó en DyN y en Viva, y fue protagonista de la realización de 3 puntos, la revista que dirigió Adolfo Castello y se posicionó como una de esas revistas que los y las periodistas están ansiosos por espiar.
Silvia Ramírez Wos, alumna de ARGRA Escuela, cubrió para ustedes la charla de Gutiérrez. Se tomó la licencia de reproducirla, en parte, con la técnica del reportaje imaginario. Después, reprodujo tal cual los comentarios de nuestro invitado cuando se refería a sus principales trabajos, incluso los que realizó de manera independiente, como 30 mil y Secuela.
“Lo bueno de la fotografía es que
hay un momento de conexión con las cosas
que hace que una foto sea mágica o no.
Eso es lo más grande: la parte sensorial,
la que uno no puede controlar del todo
y que determina que una foto sea buenísima…
o que sea una foto más”
F.G
.
momento interviú
¿Cómo era trabajar como fotógrafo cuando empezó, y cómo es ahora?
Los ‘90 fueron buenos años. Hubo un cambio en el modo de percibir a la fotografía: se vio que las imágenes cuentan y atraen al público. Por ejemplo: cuando Viva comenzó a editarse llevó las ventas del diario del domingo de 800 mil a más de 1,5 millones de ejemplares. Con los números como prueba, las empresas llegaron a la conclusión de que con buenas fotos venden más. En estos años, en cambio, veo un retroceso. Entre la crisis, el cierre de medios y el maltrato a los fotógrafos en cuanto a sus retribuciones se está perdiendo calidad. Muchos se vuelcan a la publicidad, el mercado los expulsa del trabajo editorial. Esto complica mucho la formación de buenos
profesionales. Tenemos una tarea con la que debemos luchar: imponer la buena fotografía y el respeto hacia nuestro trabajo.
¿Qué piensa de las fotografías tomadas a través de los celulares por los lectores, que los diarios publican?
Los avances en las comunicaciones son positivos. En nuestro trabajo colaboró muchísimo, por ejemplo, mejorando la transmisión de fotografías. Hay que estar renovando, no estancarse. En cuanto a ese tipo de imágenes, si alguien viene con un fotón hecho con un celular, es un fotón igual, no importa si está hecho con una caja de zapatos o con un teléfono.
Respecto a los medios digitales, ¿cómo se proyecta su competencia con las versiones en papel?
Hay que prestarles atención: van a quitarles terreno a los impresos. El año pasado, New York Times anunció que planea retirar su edición impresa porque genera pérdidas, y que si aún no lo hizo es porque no tienen resuelto el tema de la publicidad: a los anunciantes les gusta ver la imagen de su producto impresa. Aunque ese riesgo de desaparecer que corre un diario en realidad depende del país, no se dará en todos lados del mismo modo.
¿La edición on line de Rolling Stone compite con su versión papel?
La web funciona bien y está en continuo crecimiento, pero no se registró una merma en la venta de ejemplares. Creo que las revistas tienen una calidad de impresión mejor, y eso le sigue gustando a la gente.
Reuters implementó un nuevo sistema: mientras se toman las fotos, un editor las baja y edita. ¿Cuál es su opinión?
Que un editor haga su trabajo en simultáneo a la toma de las fotografías o que lo edite cuando volvés de fotografiar, no cambia demasiado. Habiendo buenos editores las buenas fotos se ven. El problema es cuando el editor no es del todo confiable. Así como un editor puede destrozar un material, otro lo puede mejorar, ver que esa es la foto.
¿Qué tiempo lleva, más o menos, concluir un trabajo autoral?
No hay que apurarse. Cada uno tiene que tomarse el tiempo que sienta que es necesario. Pueden ser dos meses o dos años. Hay que poder encontrar la fórmula que, en lo posible, garantice que podamos hacer un buen trabajo.
¿Hay una de todas las fotos que tomó durante su carrera que recuerde especialmente?
Sí. Una que hice para Rolling con Iggy Pop. El manager me había dado tres minutos para hacer las fotos. Le expliqué que tenía hacer una tapa, y dijo: “OK. Entonces, te doy cuatro”. En el camarín pegado al suyo armamos un pequeño estudio. Trabajé con Gustavo Correa, muy buen fotógrafo y asistente de lujo. Ubiqué la luz que le quería dar: apenas de abajo, casi a la altura de la cámara. Usé una caja grande y fotografié por encima de ésta. Primero colocamos un fondo blanco, después pusimos un acetato rojo para tener otra opción. Disparé diez cuadros y mi asistente sabía que tenía que fijar el acetato. Ahí tiré diez más y listo, se terminó la sesión. Lo bueno es que Iggy Pop colaboró: no dejaba de gesticular, se sacó la remera cuando se lo pedí, porque quise aprovechar la textura de su piel. El resultado fue muy bueno: la pidieron de Rolling Stone Brasil, España, Francia, Colombia y Rusia, entre otras. Y fue elegida la tapa del año en la edición argentina. Es que el estilo Rolling tiene personalidad mundial; podés hacer el delirio más grande que se te ocurra y está permitido.-
sobre sus trabajos
Esto es Gutiérrez
En el Grupo de Revistas La Nación logramos imponer la figura del editor, lo que no sé si sucede en todos lados. Cómo armamos Rolling: cada nota se planifica en las reuniones de sumario. Se discute cómo hacerla, y el fotógrafo también hace su aporte. Elegir un personaje, tener una idea de lo que se hará con él y convencerlo, no es fácil. Se trata de llegar al día de la toma con todo lo más organizado posible. Por eso, siempre que se puede, se le envía alguna referencia, una fotografía que se asemeja a lo que querés hacer, ya sea una foto de una revista o una foto histórica. Cuando se piensa en una tapa, participa el jefe de arte -opina sobre el encuadre que imagina, la ubicación del título…-, una productora, el fotógrafo y, en caso de que se necesite intervención digital, el retocador.
En este tipo de medios contás con poco margen de error y, encima, tenés un presupuesto muy limitado para llevar a cabo una idea. En una nota que en la Rollingnorteamericana podrías gastar hasta u$D30.000, y acá tenés que hacer lo mismo con u$D300. Por otro lado, en cuanto a lo editorial, no tenemos muchas trabas. Es una revista que te da libertad.
Crear la imagen de una revista es trabajo del editor. Yo trato de lograr que alguien vea una foto y diga: “Esto es Rolling” o “Esto es Brando”. Cuando traté de definir el concepto de Brando me topé con una dificultad: iba dirigida a un mundo al que ninguno del equipo pertenecía, ¡gente glamorosa, gente elegante! Traté de interpretar a ese público, y generamos un producto con una imagen de estilo clásico. La manera más profesional es trabajar con estudios de mercado, aunque en nuestro país esto se hace poco. En otros lugares se define el perfil de las personas a las que uno se dirige y en base a eso se conforma la identidad de la revista.
30 mil. Destierros y Secuela
Empecé a fotografiar en los años 80, y en los 90 traté de vincularme con la fotografía de autor. Así, en 30 mil intento mostrar una época a partir de la búsqueda de otro lenguaje y recurro a representaciones metafóricas, a una imagen medio nublada, como si tratase de fotografiar un recuerdo. Mi intención era contar algo que había sucedido en los ‘70, así que se me ocurrió experimentar con una Holga, una cámara de baja calidad, para tratar de generar ese clima y por una cuestión ideológica: para demostrar que uno podía hacer fotos aún sin un equipo costoso.
La edición de este trabajo fue un proceso interesante, lento y minucioso. A mitad de camino me sumé a un taller dictado por Eduardo Gil. La edición final quedó lista en el ’95. En 1996 gané el premio Casa de las Américas. En el ‘97 fue publicado en Francia y después, en Méjico, conocí a un editor interesado en 30 mil. A través de él obtuve, luego, una beca en Francia….
Luego hice Destierros, aludiendo a las grandes guerras europeas, a la desolación y rastros que dejó esa época. Pensaba en los inmigrantes que vinieron a la Argentina, ¿de dónde vinieron? ¿Por qué? Las copias eran chicas y la mayoría, de viajes que hice por el norte de Europa. También integré retratos familiares y otros antiguos de diferentes autores; apropiarme de imágenes me ayudó a armar este discurso. A las fotografías que yo había tomado les di una patina que asemejó la textura de fotos viejas. Luego las presenté en unas cajitas de madera de 20 x 30 cm.
Unos años después hice Secuela, una serie de fotografías de distintos Ford Falcon. Cómo las hice: a la noche salía a dar vueltas con un amigo, y cuando veíamos un Falcon lo iluminábamos con las luces de nuestro auto, yo plantaba el trípode y hacía la foto. Quería mostrar el deterioro, la señal de rastros de lo que pudo haber pasado adentro de esos autos. La presentación de esta muestra también fue experimental: se hizo en una fábrica abandonada en Morón.
3 puntos
Fue una muy buena experiencia trabajar en esa revista. Junto a Gabriel Díaz nos pidieron que le creáramos una imagen, que le generemos un concepto, que le inventáramos una identidad. Los dos primeros años apelamos al blanco y negro y trabajamos de modo tradicional: hacíamos fotografías clásicas con copias de altísima calidad. Trabajábamos con el tema “foto única” o, a lo sumo, incluíamos dos fotografías por nota. Imitábamos, un poco, el estilo de New Yorker, la revista norteamericana en la que supo trabajar Richard Avedon.
Sin embargo, este plan no duró más de dos años ya que después fueron cambiando los directores. El final de 3 puntos coincidió con la caída de De la Rua. Lástima: fue una buena experiencia, se había convertido en una de esas revistas que eligen los propios periodistas y fotógrafos para leer.
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