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Cuando lo conocí en 1977 en la agencia SIGLA, lo apodaban socarronamente "El Judío Errante", haciendo referencia al personaje de la mitología cristiana al que se le atribuía haber insultado a Jesucristo en el camino a la crucifixión, y que había sido condenado por Dios a errar interminablemente en penitencia por el pecado cometido. Los ojos saltones, transparentes, la nariz grande y ganchuda y la extrema delgadez eran su característica. Siempre un cigarrillo negro en la boca y una ansiedad que solo encontraba sosiego cuando se desplomaba, desarticulado por el cansancio sobre el viejo sillón de la sala de fotógrafos de la agencia. Loiacono era también un polemista que se empleaba a fondo en cualquier discusión. Sus temas preferidos eran la fotografía primero que nada, después la política y las minas. Amaba el blanco y negro y detestaba el color. Tenía principios muy estrictos para ejercer el fotoperiodismo, y siempre sospechó de la integridad de las empresas periodísticas. Nunca trabajó en relación de dependencia. Era un free-lance nato. Su carácter desdeñoso e imprevisible no podía disimular una cualidad o dos, que lo hacían una persona entrañable. Tenía un desarrollado sentido de la solidaridad y la practicaba en todos los aspectos de su vida. El flaco prestaba película, regalaba plata, acompañaba a los compungidos, consolaba a las chicas desengañadas, apoyaba las causas nobles y perdidas, era amigo rápido. Prestaba sus libros y sus revistas pornográficas. Compartía sus inquietudes y aficiones pero solo quería contagiar las buenas. Era un romántico y sí, un perseguido. De alguna manera, Guillermo era efectivamente la encarnación del mito del "judío errante". Estaba condenado de antemano. Era un sobreviviente de las inexplicables purgas internas de las orgas y de la represión genocida de los militares. Su nerviosismo constante era la señal inequívoca de su pasado reciente. Pero estaba la fotografía, su vocación. Sus imágenes eran ásperas y desbordantes. Soñaba con hacer un gran retrato social post dictadura, al estilo de la Farm Security Administration. Guillermo era un fotógrafo para fotógrafos. Su influencia sobre los que fuimos sus amigos fue determinante, para bien y para mal, del camino que seguiríamos en nuestras respectivas carreras. Sus fotos no fueron muy conocidas. No tuvo la ambición ni el tiempo para difundirlas. Pero además decidió no continuar. Quiso parar y lo hizo en toda la línea. Se fue de este mundo por sus propios medios, y no dejó una carta. Todo mi agradecimiento a la Asociación de Reporteros Gráficos, que permite ver la obra de un fotógrafo clave en el fotoperiodismo argentino de los años 80.
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| Asociación de reporteros graficos de la republica Argentina - Tel. (54 11) 4381-4593 - info@argraescuela.org.ar | ||||||||||||||||||||||||||||||