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Hoy:
Liborio Noval, fotógrafo de la revolución cubana
Palabras de su conferencia brindada el 13 de mayo de 2008 en ARGRA Escuela
“SOLO NOS TOCO HACER ESO”
No es un genio, tampoco ha transformado la fotografía. Pero tiene algo que quizás es más importante que todo eso y también puede armar una revolución: una sensibilidad especial. Con estos atributos lo palmean quienes mejor lo conocen: los periodistas culturales de Cuba, su país, el país de Liborio Noval (72). Porque con esos atributos Noval inmortalizó en postales los (mejores) años de la revolución de su tierra; los (mejores) momentos contados a través de los grandes personajes de la república socialista. Fue reportero del periódico Revolución, de la revista INRA, luego del mítico GRANMA. Sus compañeros de trabajo fueron Korda (Alberto Díaz), Corrales (Raúl Corral) y los Salas (Roberto y Osvaldo). Entre todos ellos, ha sido Noval quien, durante casi 50 años, más fotos le sacó a Fidel Castro.
Se jubiló en el 2002. Eso le deja tiempo para tareas como ésta: acercarse a ARGRA Escuela a charlar con los futuros reporteros. Lo trajo a Buenos Aires la presentación del libro Che Guevara por los fotógrafos de la revolución cubana, a poco de celebrarse el 80 aniversario del nacimiento del Che Guevara.
Por Alejandro Kirchuk
El de la carretilla
Esta imagen muestra el primer trabajo voluntario que realizó el Che: hacía casas para personas que vivían en barrios insalubres. Fue cuando lo nombraron Ministro de Industria, en febrero del 61. Tuve que trabajar con él, hacer eso mismo con él.
- Que qué iba a hacer ahí- me peguntó el Che.
- Un reportaje pa´l periódico- le respondí.
- ¿Pero tú viniste a trabajar?
- Claro que vine a trabajar: vine a hacer un reportaje pa´l periódico.
- No te pregunto si vas a hacer un reportaje para el periódico: te pregunto si vas a hacer lo que vamos a hacer nosotros.
Y le dije que sí. Dejé la cámara y empezamos a llevar carretillas con arena, cemento, y después me dio 10 minutitos para hacerle fotos. Así, varias veces. El daba el ejemplo: fue una forma de educar a los trabajadores.
En el 2004 estuve aquí, en la Argentina, en una exposición con unas 100 fotos del Che. Esta fue una de las que se expuso. Y muchos preguntaban si ese era el Che. El de la carretilla, el de la foto. “¿Pero el Che no era ministro?”. “El Che era ministro”, respondía yo. “¿Cómo un ministro va a estar trabajando sin camisa, sin nada?”, se preguntaba la gente. En todo el mundo, cuando circuló esta exposición, a través de estas fotos se empezaron a descubrir otras cosas del Che, se empezó a conocer a otro Che al que no lo conocían, salvo por la foto que hizo Korda.
Un día, en el periódico, a Salas y a mí, que estábamos viendo una serie de fotos, nos preguntaron: “¿Ustedes saben que están haciendo la historia gráfica de la revolución?”. Quién iba a pensar 50 años después que eso iba a ser histórico. Quién iba a pensar que en el 65 al Che lo iban a matar, que el Che iba a ir al Congo e iba ir a Bolivia y que se iba a convertir en lo que se ha convertido hoy. No lo pensaba nadie. Ahora, el que tenga una foto del Che tiene una foto histórica de un personaje. De un personaje que una gente dice que es un mito, otra gente dice que es un icono… y ahí están las fotos. Y te las piden. Hay veces que tú quieres hacer otras cosas, pero te piden eso. Y te cansas. A mí no me gusta que me digan que soy histórico, de verdad que no me gusta. Sólo nos tocó hacer eso.
“Lo retratábamos como nos daba la gana”
Esta es la primera foto de Fidel que hice. Es una foto un poco curiosa: si uno camina de un lado para el otro mirándola, el que lo mira a uno es Fidel.
Nunca nadie nos dijo cómo retratarlo.
Lo retratábamos como lo veíamos, como nos daba la gana. Para trabajar como fotógrafo en Cuba, y en todas partes, tienes que tener paciencia. Me ha pasado que había un ministro sentado al lado suyo, y yo le pasaba un papelito que decía: “Siéntese bien”, y el tipo se sentaba bien.
O Fidel estaba hablando y tenía la camisa abierta. Entonces le mandaba un papelito diciendo: “Ciérrese la camisa”, y le ponía mi nombre para que no pensara que era un fantasma.
Es que tienes que cuidar a los dirigentes de tu país. Otras veces, Fidel hablaba 8 horas y tenías que quedarte parado con un trípode con un telefoto esas 8 horas: te conviertes en un camello, no tomas agua y no echas agua. O estás en la Plaza de la Revolución, en una tarima, llegas a las 7 de la mañana y el acto puede acabar a las 3, 4 de la tarde. Y tú en una tarima.
¿Cómo empecé a hacer fotos?
En el año 53 entré a trabajar en una agencia publicitaria pequeña, en el departamento de investigaciones de mercado. Había que ir casa por casa a ver qué productos de limpieza usaban.
Teníamos que dividir desde la A hasta la E los estratos sociales: la A eran los millonarios, la E los más infelices. Se hacían entrevistas, y así me pase 4 años.
A los 4 años la agencia había crecido, y tenía un fotógrafo que hacía los anuncios y necesitaba un ayudante. Entonces me dijeron si quería pasar al departamento de fotografía, ¡y dije que sí!
Con ellos recorrí Cuba desde el 53 hasta el 57. No tenía conciencia política. Vivía en un barrio humilde. Mi familia no era rica ni de clase media, mi padre murió cuando yo tenía 10 años, mi madre se fue a vivir con mi abuela a una pequeña tienda de víveres que tenían en un barriecito, y cuando empecé a trabajar empecé a caminar el país. Sabía de la miseria que había en La Habana, pero después empecé a ver la miseria que había en Cuba. Sabía que había un golpe de Estado, y que ser joven era un problema. Cuando Fidel triunfó y dijo que había que resolver el problema del analfabetismo, de la falta de escuelas, de la falta de médicos en el campo, me convenció.
El Che fotógrafo
Este es el Che con una cámara soviética que es mía. Al Che, aunque ustedes no lo crean, le gustaba la fotografía. Si han leído algo del primer viaje que hizo con Alberto Granado y el segundo que dio con Calica (Carlos Ferrer), sabrán que en Guatemala y en México se ganaba la vida tirando fotos. Siempre tiraba fotografías, incluso se ha hecho una exposición con fotos hechas por él y también se editó un libro en Valencia, España. Pero no le gustaba que lo retrataran. Cada vez que había un fotógrafo delante suyo, lo miraba de medio lado y después de 5 ó 6 tomas, decía: “No me tires más fotos, ya me tiraste bastantes, yo no soy la persona principal”. Una vez, a mí me mando a buscar para preguntarme cuál era el tubo que tenía en la mano, era un lente de 300 mm
-que era un pedazo de hierro, no como los de ahora-, pesaba 8 o 10 libras, con una cámara Star, así se llamaba, y era bastante incómoda para hacer fotos. Yo me deshice de ella al poco tiempo, pero con otra cámara hice esa foto y el Che me dijo que en algún momento me la iba a pedir prestada, y yo le dije que cuando quisiera me la pidiera. Entonces, cuando yo revelo el rollo, veo que había unas fotos de Fidel que yo no había hecho: las había tirado él.
La misma pregunta
Esta es una foto de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba. Todo el mundo me pregunta lo mismo de esta foto: “¿Lo está retando?”.

El Gigante
Esta imagen es del día del 40 aniversario de la proclamación de la revolución socialista, que fue el 16 de abril de 1961. Cuarenta años después Fidel estuvo ahí. La gente levantaba los fusiles acordándose lo que había pasado 40 años atrás.
En aquella época, más bien a mediados del 58, había un grupito de compañeros que hacíamos cosas para el periódico de la revolución clandestina. Al triunfar la revolución, el 26 de julio, me pidieron si quería trabajar en él, en el periódico Revolución. Los que nos reunimos fuimos Hubaldo Salas y su hijo Roberto, que vino de Nueva York con Corrales, Ernesto Fernández y otros fotógrafos que ya eran fotógrafos de prensa. Empezamos a trabajar en 35 milímetros, con luz ambiente y sin saber nada de fotografía de prensa ni de fotografía. Todavía hoy no sé nada de fotografía, ninguno de nosotros en Cuba pasó por una escuela de fotografía. Empezamos en la gran vorágine del año 60, en la época de esta foto, a hacer grandes reportajes, grandes cosas. Usábamos las películas que le sobraban al Instituto de cine. Luego, además de estar en el periódico Revolución, trabajamos en la revista del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria). Salíamos por un lado y hacíamos un trabajo por el otro, salíamos por el otro y hacíamos un trabajo para la revista. La revista nació en el año 70, Fidel dijo que había que tener una revista para enseñar todo lo que se estaba haciendo en Cuba al millón de analfabetos que había en el país.