 
ARCHIVO DE PALABRAS
Hoy:
Pablo Corral Vega
Palabras de su conferencia brindada en ARGRA Escuela
¿Qué tiene en común la fotografía con la meditación budista?
Pablo Corral Vega lo descubre…
Por Myriam Meloni
Pablo Corral Vega -fotógrafo ecuatoriano clase 1966-, habla poco de sus hermosos –y exitosos- trabajos como los que hizo para National Geographic, Geo, The New York Times. Es el creador de la red social de fotoperiodistas latinoamericanos Nuestra Mirada –www.nuestramirada.org-, constituida hace 1 año para favorecer la unión entre reporteros de países con menos recursos, menos tiempo para hacer historias fotográficas, menos espacios académicos donde formarse pero muchas ganas de contar.
En voz baja cuenta que participó del festival internacional de fotoperiodismo Visa Pour l’image. En 1994 dirigió el Proyecto “Descubriendo Ecuador”: 38 destacados fotógrafos internacionales trabajaron juntos en el país, y luego publicaron un libro con el apoyo de la Universidad de Periodistas de Missuri Colombia School. También es fundador de la institución sin ánimo de lucro “Fundación Armonía Terra”, con la que edita libros de la geografía latinoamericana para la conservación de la naturaleza y la cultura.
“Ahora ya no me importa impresionar a nadie con composiciones sorprendentes y fotos sofisticadas, me interesan mucho más las imágenes sencillas que antes que todo transmitan intimidad”, dice. Porque antes que el éxito personal está el compromiso con el mundo, hacer algo por y con los demás, entiende, y vuelve su pensamiento en acción.
“La fotografía ha sido para mí una buena compañera porque me ha enseñado a mirar y prestar atención a lo que hay a mi alrededor”, dispara, al empezar, Pablo Corral Vega. Es un hombre con un interesante recorrido fotográfico, una sólida formación académica, un pasado de abogado y un presente de docente en la Universidad de Miami. Que se atreve a hacer una comparación osada: compara la fotografía con la meditación budista para hacernos reflexionar sobre la conexión necesaria que existe entre el fotografiar y la capacidad “de estar donde estés”, de vivir el presente, cada uno de sus momentos.
Pablo Corral abraza la fotografía como una excusa para vivir y compartir, para transitar un camino hacia la compresión de uno mismo y la conexión con el otro. La siente como lenguaje, “y como en cualquier lenguaje es el contenido lo que importa”. No toda oración perfecta consigue ser un poema y no toda fotografía es capaz de decir algo; para que esto suceda, atrás de cada imagen y de cada palabra tiene que estar presente el invitado de honor: la autenticidad.
Sus palabras son el resultado de sus experiencias, de sus encuentros, de sus reflexiones internas; sus fotografías son sus vivencias. “La fotografía tiene que ser utilizada como un puente para acercarse al mundo; tiene que ser aprovechada como un espacio de encuentro, para compartir, no un espacio de egoísmo donde afirmar el yo.” Cuanto más conozcamos y nos acerquemos a este mundo que nos rodea, agrega Corral, más profunda será la interpretación fotográfica que podamos dar de él.
Por eso resulta una falsa ilusión pensar que hay que trasladarse al otro lado del planeta para contar historias interesantes y apasionantes: lo que mejor contaremos quizás sea justo lo que tenemos más cerca, y no por tener una visión especial y única, sino por la empatía y la comprensión que llegamos a alcanzar cuando fotografiamos lo que es parte de nuestra realidad y de nuestras orígenes.
Cuando empezó la serie “Tango”, por encargo de la National Geographic, Pablo Corral sabía poco sobre este hermoso baile que es para muchos un estilo de vida. Esto se reflejaba en sus primeras tomas, en ellas reinaba la frialdad de un tango comercializado para turistas.
Con ese ejemplo describe cuándo interviene la decisión del fotógrafo: de vivir o no vivir, de quedarse en la superficie o empezar a cavar, de huir o dejarse llevar. Pablo, entonces, se embarca en la aventura de conocer el tango más allá de sus ritmos y sus pasos, admira el lado decadente y oscuro, contempla su glamour y sordidez.
“Empiezas a entender el tango cuando te toca la nostalgia: de lo que has vivido, de lo que amas, de lo que estás perdiendo. No soy argentino, nunca podré entender el tango profundamente, pero la clave de la fotografía es ponerse en el lugar del otro e intentar sentir lo que el otro siente.”
Así las fotos de esa serie adquieren otro valor: el valor de lo entendido, el valor de lo vivido y compartido. En ellas aparecen paisajes desolados, un intrigante Río de la Plata, una tarde de lluvia en Buenos Aires, la ciudad y sus miles de luces nocturnas, la melancolía de los viejos cafés en homenaje a los sentimientos que un día vieron nacer al tango y que hoy lo mantienen con vida.
“Hace poco un amigo me agradeció diciéndome que una foto mía le había cambiado la vida, que le había ayudado a resolver unos problemas que tenia con su pareja. Poquísimas imágenes llegan realmente a cambiar el mundo: si yo logro tocar a unos pocos con mis fotografías, ya estoy feliz.”
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